El vestido nuevo
1° medio , Cuento , Wolf / 12 junio, 2017

Mabel tuvo la primera sospecha seria de que algo no iba bien al quitarse la capa; y la señora Barnet, al alcanzarle el espejo y tomar los cepillos, llamó su atención -un tanto exageradamente tal vez- sobre la ropa en la mesa y todos los artefactos para arreglar el cabello, cuidar el cutis y la ropa, que yacían sobre el tocador, confirmando así la sospecha, de que algo no iba bien, nada bien;

Lo que sucedió a un mancebo que casó con una muchacha muy fuerte y muy brava
1° medio , Cuento , Juan Manuel / 12 junio, 2017

por Juan Manuel Otra vez hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le decía: -Patronio, un pariente mío me ha contado que lo quieren casar con una mujer muy rica y más ilustre que él, por lo que esta boda le sería muy provechosa si no fuera porque, según le han dicho algunos amigos, se trata de una doncella muy violenta y colérica. Por eso os ruego que me digáis si le debo aconsejar que se case con ella, sabiendo cómo es, o si le debo aconsejar que no lo haga. -Señor conde -dijo Patronio-, si vuestro pariente tiene el carácter de un joven cuyo padre era un honrado moro, aconsejadle que se case con ella; pero si no es así, no se lo aconsejéis. El conde le rogó que le contase lo sucedido. Patronio le dijo que en una ciudad vivían un padre y su hijo, que era excelente persona, pero no tan rico que pudiese realizar cuantos proyectos tenía para salir adelante. Por eso el mancebo estaba siempre muy preocupado, pues siendo tan emprendedor no tenía medios ni dinero. En aquella misma ciudad vivía otro hombre mucho más distinguido y más rico que el primero, que…

Feliciano me adora y le aborrezco

por Sor Juana Inés de la Cruz Feliciano me adora y le aborrezco; Lizardo me aborrece y yo le adoro; Por quien no me apetece ingrato, lloro, Y al que me llora tierno, no apetezco. A quien más me desdora, el alma ofrezco; A quien me ofrece víctimas, desdoro; Desprecio al que enriquece mi decoro, Y al que le hace desprecios enriquezco. Si con mi ofensa al uno reconvengo; Me reconviene el otro a mí ofendido; Y a padecer de todos modos vengo; Pues ambos atormentan mi sentido: Aquéste con pedir lo que no tengo; Y aquél con no tener lo que le pido.

Hombres necios que acusáis

por Sor Juana Inés de la Cruz Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco al niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis con presunción necia hallar a la que buscáis, para pretendida, Tais, y en la posesión, Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión ninguna gana, pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andáis que con desigual nivel a una culpáis por cruel y a otra por fácil culpáis. ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que…

El dulce milagro
1° medio , Ibarbourou , Poesía / 12 junio, 2017

por Juana de Ibarbourou ¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen. Mi amante besóme las manos, y en ellas, ¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas. Y voy por la senda voceando el encanto y de dicha alterno sonrisa con llanto y bajo el milagro de mi encantamiento se aroman de rosas las alas del viento. Y murmura al verme la gente que pasa: «¿No veis que está loca? Tornadla a su casa. ¡Dice que en las manos le han nacido rosas y las va agitando como mariposas!» ¡Ah, pobre la gente que nunca comprende un milagro de éstos y que sólo entiende, que no nacen rosas más que en los rosales y que no hay más trigo que el de los trigales! que requiere líneas y color y forma, y que sólo admite realidad por norma. Que cuando uno dice: «Voy con la dulzura», de inmediato buscan a la criatura. Que me digan loca, que en celda me encierren, que con siete llaves la puerta me cierren, que junto a la puerta pongan un lebrel, carcelero rudo, carcelero fiel. Cantaré lo mismo: «Mis manos florecen. Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen». ¡Y…

Hijo de la luz y de la sombra
1° medio , Hernández , Poesía / 12 junio, 2017

por Miguel Hernández (Hijo de la sombra) Eres la noche, esposa: la noche en el instante mayor de su potencia lunar y femenina. Eres la medianoche: la sombra culminante donde culmina el sueño, donde el amor culmina. Forjado por el día, mi corazón que quema lleva su gran pisada de sol a donde quieres, con un solar impulso, con una luz suprema, cumbre de las mañanas y los atardeceres. Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje su avaricioso anhelo de imán y poderío. Un astral sentimiento febril me sobrecoge, incendia mi osamenta con un escalofrío. El aire de la noche desordena tus pechos, y desordena y vuelca los cuerpos con su choque. Como una tempestad de enloquecidos lechos, eclipsa las parejas, las hace un solo bloque. La noche se ha encendido como una sorda hoguera de llamas minerales y oscuras embestidas. Y alrededor la sombra late como si fuera las almas de los pozos y el vino difundidas. Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente, la visible ceguera puesta sobre quien ama; ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente, ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama. La sombra pide, exige seres que se entrelacen, besos que la…

Comunicado
1° medio , Lira , Poesía / 12 junio, 2017

por Rodrigo Lira A la Gente Pobre se le comunica Que hay Cebollas para Ella en la Municipalidad de Santiago. Las Cebollas se ven asomadas a unas ventanas Desde el patio de la I. Municipalidad de Santiago. Tras las ventanas del tercer piso se divisan Unas guaguas en sus cunas y por las que están un poco más abajo Se ve algo de las Cebollas para la Gente Pobre. Para verlas hay que llegar a un patio Al patio con dos Árboles bien verdes Después de pasar por el lado de una como jaula Con una caja que sube y baja Después de atravesar una sala grande con piso de baldosas Y con tejado de vidrio Con unas señoritas detrás de unos como mostradores Después de subir unas escaleras bien anchas Después de pasar unas puertas grandes En la esquina de una plaza que se llama “de Armas”, en la esquina del lado izquierdo De una estatua de un señor a caballo, de metal, Con la espada apernada al caballo Para que no se la roben y hagan daño. Ahí, debajo de las ventanas con las guaguas, Están las Cebollas. No sé si pNo sé si podrá conseguir Unas poquitas….

La máscara del hambre
1° medio , Huinao , Poesía / 12 junio, 2017

por Graciela Huinao Mi cuerpo no se acostumbra a este conviviente que golpea hoy mi cuerpo y mañana abre la puerta de mi casa ultraja en mi mesa la última dignidad que poseía. Yo te denuncio porque de cerca te conozco tienes la cara desgarrante de la tristeza. Fue el peor enemigo que llegó a mi pueblo y nos robaron las armas al defendernos. Arrancamos perseguidos por una fiera nos dio alcance en el sur y con sus colmillos nos trituró la pobreza. Hoy en mi pueblo el hambre es rebeldía y la poesía una máscara donde oculto el verso amargo alimento de este canto y en la boca de mi pueblo la tortura de cada día.

La siesta del martes
1° medio , Cuento , García Márquez / 12 junio, 2017

por Gabriel García Márquez El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino, intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor. -Es mejor que subas el vidrio -dijo la mujer-. El pelo se te va a llenar de carbón. La niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de periódicos. Se sentó en el asiento opuesto,…

Bola de sebo
1° medio , Cuento , Maupassant / 12 junio, 2017

por Guy de Maupassant Durante muchos días consecutivos pasaron por la ciudad restos del ejército derrotado. Más que tropas regulares, parecían hordas en dispersión. Los soldados llevaban las barbas crecidas y sucias, los uniformes hechos jirones, y llegaban con apariencia de cansancio, sin bandera, sin disciplina. Todos parecían abrumados y derrengados, incapaces de concebir una idea o de tomar una resolución; andaba sólo por costumbre y caían muertos de fatiga en cuanto se paraban. Los más eran movilizados, hombres pacíficos, muchos de los cuales no hicieron otra cosa en el mundo que disfrutar de sus rentas, y los abrumaba el peso del fusil; otros eran jóvenes voluntarios impresionables, prontos al terror y al entusiasmo, dispuestos fácilmente a huir o acometer; y mezclados con ellos iban algunos veteranos aguerridos, restos de una división destrozada en un terrible combate; artilleros de uniforme oscuro, alineados con reclutas de varias procedencias, entre los cuales aparecía el brillante casco de algún dragón tardo en el andar, que seguía difícilmente la marcha ligera de los infantes. Compañías de francotiradores, bautizados con epítetos heroicos: Los Vengadores de la Derrota, Los Ciudadanos de la Tumba, Los Compañeros de la Muerte, aparecían a su vez con aspecto de facinerosos,…